Prevenir el suicidio: ¿una responsabilidad de todas y todos?

Cada septiembre, hablar de prevención del suicidio nos enfrenta a una pregunta necesaria: ¿qué significa realmente prevenir?

Con frecuencia, buena parte de la responsabilidad parece quedar depositada en quien sufre. Le pedimos que reconozca las señales, que hable, que consulte, que pida ayuda, que encuentre razones para continuar. Todo ello importa. Pero existe una paradoja: cuando una persona atraviesa uno de los momentos de mayor sufrimiento de su vida, no podemos exigirle que cargue, además, con toda la responsabilidad de salvarse.

La prevención del suicidio también es una responsabilidad colectiva

La suicidabilidad es un fenómeno complejo y multicausal. No puede explicarse exclusivamente por un diagnóstico, una crisis puntual ni una característica individual. Las personas vivimos en relaciones, familias, comunidades e instituciones, bajo determinadas condiciones materiales y sociales. Violencias, discriminación, precariedad, experiencias traumáticas, pérdidas, aislamiento, fragmentación de los vínculos o dificultades para acceder oportunamente a ayuda pueden entrelazarse con otras variables hasta hacer que la vida se vuelva profundamente difícil de habitar.

Este foco preventivo que incluye la comunidad y redes, confronta la visión individualista de la problemática del suicidio, que refuerza la idea que esto ocurre por fallas únicamente en la persona que tiene la idea o intento de suicidarse. Por tanto, podría creerse que no hay ningún apoyo externo, del entorno social, que pueda bajar las estadisticas de mortalidad por suicidio, si no es con intervención individual y clínica especializada. La evidencia por el contrario, nos muestra que, por ejemplo, en países nórdicos, cuando se reforzó la protección social y el capital comunitario en los años de crisis económica de los ´90s, no aumentó el suicidio a pesar de que el desempleo se multiplicó por cinco.

Por eso prevenir también exige mirar alrededor, es en este sentido que, la propia institucionalidad chilena ha avanzado en esa dirección. El actual protocolo del Servicio de Protección Especializada para abordar el riesgo suicida en niños, niñas y adolescentes reconoce la relevancia de las experiencias traumáticas acumuladas, las fallas en los cuidados, la fragmentación de vínculos y la ausencia de redes estables de apoyo. Su respuesta, consecuentemente, no termina en la persona, sino que amplían el panorama, incorporando familia, personas significativas, equipos, salud y modificaciones del entorno. En este mismo sentido, esta herramienta, nos invita a ampliar las intervenciones puramente individuales, a intervenciones que involucran cambios en situaciones habitacionales o laborales de un grupo familiar completo, con apoyos multidisciplinarios y de diferentes instituciones.

Prevención del suicidio: mirar también las condiciones que rodean el sufrimiento

Es por tanto, un cambio de mirada importante, involucra al conjunto de nuestra sociedad: prevenir también es intervenir sobre las condiciones que rodean ese sufrimiento y nos propone contar con atención clínica oportuna, pero también con familias capaces de escuchar; escuelas donde alguien pueda sentirse parte; trabajos que no naturalicen el agotamiento; comunidades capaces de advertir el dolor; instituciones que respondan oportunamente y políticas públicas que comprendan que las condiciones en que vivimos también impactan en nuestra salud mental.

Quizás, entonces, junto con preguntarnos por qué una persona quiere morir, necesitamos formular otra pregunta: ¿qué dolor se ha vuelto insoportable, qué condiciones contribuyen a sostenerlo y qué podemos hacer, también quienes estamos alrededor, para que seguir viviendo vuelva a ser una posibilidad?

Hablar de suicidio debiese ser una tarea extensible más allá de septiembre e incorporar la noción de que su prevención, es una responsabilidad de todas y todos, y no exclusivamente de profesionales de salud mental, debiese constituirse en una conversación que necesitamos sostener en familias, escuelas, trabajos, organizaciones, medios de comunicación, instituciones y comunidades.

Porque prevenir también significa que, cuando alguien no puede sostenerse por sí misma, encuentre una red que no le exija hacerlo sola. Cuidar la vida es una responsabilidad que implica sostener esta misma.

Katherine Herrera López
Jasna Recabal de la Fuente

Asesoras Clínicas para Programas de Reparación del Maltrato Grave (PRM) de CATIM

Ante una crisis emocional o para solucionar dudas respecto al suicidio, se puede acceder a la Línea Especializada de Prevención del Suicidio, marcando desde teléfonos móviles *4141. Esta línea está disponible las 24 horas, todos los días de la semana. 

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Niño pequeño jugando con un auto de juguete en la calle, imagen de campaña SOAP CATIM 2026 que promueve donación voluntaria en beneficio de niños y personas en situación de calle.