Participación de niños y niñas en elecciones: su voz importa

Niña escribiendo en una sala de clases durante actividad sobre participación de niños y niñas en elecciones.

Aunque niñas, niños y adolescentes representan cerca de una cuarta parte de la población en nuestro país, su participación sigue siendo marginal en el debate presidencial.

En un año en que los debates presidenciales llenan la agenda y los discursos se multiplican, hay una pregunta que casi nunca se formula ¿dónde quedan las niñas, niños y adolescentes en esta conversación?

La participación de niños y niñas en elecciones es un tema casi ausente del debate presidencia, aunque en nuestro país viven 4,49 millones de NNA, casi una cuarta parte de la población, pero siguen siendo tratados como un grupo sin opinión propia en los momentos donde se discute el futuro del país, aunque la paradoja se acentúa cuando la infancia aparece en las campañas como categoría a proteger, pero no como actor con voz propia.

Los programas presidenciales suelen mencionar a la infancia como grupo prioritario, pero rara vez incorporan mecanismos para recoger su opinión. La discusión electoral sigue siendo exclusivamente adulta.

Es importante escuchar

Hace pocas semanas, más de 1.300 niñas y niños de las 16 regiones del país entregaron propuestas a las candidaturas presidenciales mediante el proyecto “Multiplicar las Voces: Voces que Inciden”. El ejercicio confirmó que la participación de niños y niñas en elecciones es posible cuando los adultos generan espacios adecuados de escucha.

La Convención sobre los Derechos del Niño es clara al indicar que las personas menores de 18 años tienen derecho a opinar en todos los asuntos que les afecten. Sin embargo, su presencia en la agenda electoral es marginal. La política habla sobre la infancia, pero casi nunca con la infancia.

Para Sandra Castro Salazar, gerenta de CATIM, la brecha es evidente. “La participación infantil no es decorativa. Es una herramienta que permite entender qué está fallando en su vida cotidiana y qué debe priorizar el Estado”, explica.

En tiempos de elecciones, la participación infantil no es un gesto simbólico, es una condición ética para construir una sociedad más justa. Si la infancia no está al centro, las promesas de futuro pierden sentido.

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