En el nuevo episodio de Cineterapia CATIM, el psicólogo Matías Araya analiza la relación entre tecnología y emociones a partir de la película HER, una historia que plantea profundas reflexiones sobre la soledad y la necesidad humana de conectar.
El avance de la inteligencia artificial plantea nuevos escenarios sobre la forma en que las personas podrían vincularse con la tecnología en el futuro. Cada vez es más posible imaginar interacciones más íntimas y personalizadas entre humanos y sistemas digitales, capaces de adaptarse a nuestras emociones, intereses y maneras de comunicarnos. Esta posibilidad difumina la frontera entre lo humano y lo virtual, abriendo preguntas sobre cómo estas relaciones podrían transformar la experiencia emocional y el sentido de compañía.
Este escenario proyectado evoca una de las escenas más recordadas de la película HER (2013), donde el protagonista desarrolla una conexión emocional con su asistente virtual. En su momento, aquella historia parecía una ficción futurista, donde la inteligencia artificial aprendía a partir de la experiencia y la intuición. Hoy, esos planteamientos se sienten cada vez más cercanos.
Estos cuestionamientos son los que guían el nuevo episodio de Cineterapia CATIM, un espacio donde el cine se transforma en herramienta para reflexionar sobre la salud mental, la soledad y los vínculos humanos en tiempos de hiperconectividad.
Un espejo emocional
Para el psicólogo Matías Araya, la película nos enfrenta a un fenómeno que ya es real. “Muchas personas buscan vínculos emocionales con la tecnología para evitar el dolor, la soledad o el rechazo”.
Samantha, la inteligencia artificial del filme, funciona como un espejo emocional que permite al protagonista acceder a su mundo interno, confrontar sus miedos y su necesidad de compañía, pero también su dificultad para aceptar la imperfección humana.
“El desafío para nosotros, como psicólogos, es reconocer que la dependencia emocional hacia sistemas o aplicaciones puede reemplazar relaciones reales”, explica Araya. “Esto limita la expresión de emociones, el desarrollo de habilidades sociales y la capacidad de enfrentar conflictos afectivos”.
Por otra parte, es enfático en recalcar la separación entre el mundo virtual y el vínculo tácito con una terapia profesional, recalcando que los expertos pueden trabajar el subconsciente, es decir, leer el entre líneas de un paciente a través de su lenguaje no verbal, cosa que, hasta el momento, la IA aún no lo realiza.
Entre la compañía y el aislamiento
Desde una mirada terapéutica, Araya advierte que la relación emocional con la tecnología puede tener luces y sombras. Por un lado, este tipo de interacciones puede favorecer el autoconocimiento y la reflexión emocional, ya que las personas encuentran en la inteligencia artificial un espacio simbólico para explorar sentimientos, miedos o inseguridades. Incluso, en ciertos casos, puede aliviar de forma temporal la sensación de soledad al ofrecer una presencia constante y disponible.
Sin embargo, el especialista también señala los riesgos. “Cuando la tecnología se convierte en un refugio para evitar emociones difíciles, como la tristeza, la ansiedad o el miedo al rechazo, puede transformarse en una forma de evasión emocional”, explica. Además, la idealización de un vínculo “perfecto”, libre de conflictos o contradicciones humanas, puede generar expectativas irreales y dificultar la aceptación tanto de las propias imperfecciones como de las de los demás.
Con reflexiones como esta, Cineterapia CATIM busca acercar el cine y el trabajo psicoterapéutico para hablar de salud mental desde una mirada cotidiana y humana, fortaleciendo su compromiso con la promoción de la salud mental, la reflexión crítica y una cultura del buen trato, integrando el cine como herramienta para conversar sobre los desafíos de la vida contemporánea.
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Más información sobre la película HER en el sitio oficial de Warner Bros. Pictures

