La Línea 2 del programa Abriendo Caminos, ejecutado por CATIM en Biobío y Ñuble, acompaña a madres privadas de libertad, gestantes y lactantes, promoviendo el bienestar y la protección de los niños y niñas que viven sus primeros años dentro de un recinto penitenciario.
La maternidad en contextos de encierro sigue siendo un punto ciego en las políticas públicas chilenas. En nuestro país, aproximadamente 4.464 mujeres se encuentran privadas de libertad, lo que equivale al 8 % de la población penal total, según datos del Servicio Nacional de Gendarmería (2024). De ellas, el 85 % son madres, muchas con varios hijos e hijas que crecen separados, y cerca del 41 % cumple condenas por delitos vinculados al microtráfico de drogas, una expresión de desigualdad estructural que afecta con fuerza a las mujeres en situación de vulnerabilidad.
“El problema es que la ley no regula cómo debe vivirse ese derecho, el de que madres vivan con sus hijos dentro de las cárceles”, explica Tamara González, trabajadora social de CATIM y encargada del programa Abriendo Caminos Línea 2 en Biobío. ”No existen protocolos nacionales ni espacios adecuados dentro de los recintos penitenciarios. Cada unidad define sus condiciones según infraestructura y recursos”, comenta.
Ley Sayén: una deuda pendiente con la infancia y la maternidad
La iniciativa legislativa conocida como Ley Sayén, impulsada desde 2017, busca transformar esta realidad, proponiendo que mujeres embarazadas o con hijos menores de tres años cumplan su condena fuera del sistema penitenciario. “Esta ley permitiría que el cuidado materno se ejerza en un entorno libre, más seguro y digno para los niños”, añade González. Aunque el proyecto ha avanzado lentamente en el Congreso, su discusión sigue siendo una deuda pendiente en materia de justicia con enfoque de género y derechos de la niñez.
Las condiciones dentro de los recintos penitenciarios varían, algunas madres amamantan a sus hijos en espacios improvisados; otras enfrentan separaciones tempranas que interrumpen el vínculo afectivo. “Los niños y niñas pueden permanecer hasta los dos años con sus madres, por eso esta etapa es muy importante, puesto que define su desarrollo emocional. Por eso trabajamos también con cuidadores externos, preparando el entorno al que regresarán”, comenta Fernanda Torres, psicóloga del programa en Ñuble.
Abriendo Caminos: acompañar para proteger la infancia
El programa Abriendo Caminos, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, tiene como objetivo acompañar a niños, niñas y adolescentes con adultos significativos privados de libertad. Su Línea 2, ejecutada por CATIM en las regiones del Biobío y Ñuble, centra su trabajo en madres privadas de libertad, gestantes y lactantes, fortaleciendo los vínculos tempranos, promoviendo el buen trato y apoyando la reintegración familiar tras la salida del sistema penal.
Organismos como UNICEF, ONU Mujeres y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) han advertido que los sistemas penitenciarios de la región deben incorporar medidas específicas para garantizar el derecho a la maternidad y el interés superior del niño. En Chile, la discusión sobre la Ley Sayén abre una oportunidad concreta para avanzar hacia ese estándar.
El desafío, señalan desde CATIM, no solo es humanizar el sistema penitenciario, sino garantizar que ningún niño crezca pagando una condena ajena.
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